2025: cuando aprender sigue siendo más importante que automatizar
2025: cuando aprender sigue siendo más importante que automatizar
En plena era digital, aprender sigue siendo una actividad profundamente humana.
Nuestra expectativa sobre lo que puede hacer la inteligencia artificial (IA) se ha deformado con el tiempo. Esto se debe, en parte, al uso de términos humanos para describir lo que hace la máquina. Me refiero a términos como "razonar", "inteligencia" y "entender", entre otros.
Esta expectativa, formulada en términos humanos, tiende a terminar en decepción y, en muchas ocasiones, nos lleva a descartar una tecnología que podría sernos de mucha ayuda.
Teniendo en cuenta estos elementos, procuraré presentar una visión aterrizada de una forma de adoptar la IA en el entorno educativo de la secundaria.
Si partimos de la premisa de que la IA no va a reemplazar a los profesores, podemos enfocarnos en entender las capacidades y aprovechar las herramientas para hacer más con el mismo esfuerzo (o hacer lo mismo con menos esfuerzo).
A continuación, presentaré tres aplicaciones concretas, cada una con el potencial de generar un alto impacto en el trabajo del profesor con un esfuerzo razonable:
Generación de contenido: creación de materiales educativos como talleres, cuestionarios o mapas mentales a partir de instrucciones básicas.
Corrección automatizada: evaluación de tareas y exámenes mediante rúbricas con ayuda de modelos de lenguaje.
Generación de informes personalizados: elaboración automatizada de reportes para padres, combinando información académica y conductual.
La IA, en particular los grandes modelos de lenguaje como ChatGPT, Gemini o Claude, tienen todos los conocimientos necesarios para ayudar a crear material educativo con instrucciones básicas. Es posible generar talleres, cuestionarios, quizes, exámenes, guías de estudio, mapas mentales, entre otros, con simples instrucciones que describan los temas, el público objetivo (curso y país), la longitud, el tiempo para desarrollarlo y el objetivo perseguido.
Las herramientas básicas de IA generativa, como ChatGPT o Grok, permiten a un profesor automatizar la calificación de trabajos, ensayos o exámenes a partir de una rúbrica y una foto o el documento a calificar. Esto no solo aumenta la velocidad de calificación, sino que mejora la imparcialidad y la coherencia en las calificaciones, a la vez que libera tiempo para otras tareas del profesor.
Es posible usar IA para construir materiales de estudio personalizados que respondan a las necesidades particulares de cada estudiante. Esto implica adaptar los contenidos, el nivel de dificultad, el enfoque didáctico e incluso el formato del material, de acuerdo con el rendimiento, estilo de aprendizaje y avances individuales.
Esta aplicación permite ofrecer guías, ejercicios, explicaciones y recomendaciones específicas para cada estudiante, fomentando un aprendizaje más autónomo, motivador y efectivo. Además, libera tiempo del docente para enfocarse en acompañamiento y seguimiento pedagógico más cualitativo.
Las recomendaciones anteriores están pensadas para usarse por los docentes como parte de su trabajo pedagógico. En cuanto al uso por parte de los estudiantes, el panorama es más complejo. Si bien la IA puede ser una fuente útil de apoyo, también existe el riesgo de que se convierta en una vía para evitar el esfuerzo necesario en actividades clave para su desarrollo cognitivo, social y académico.
Usar IA para resolver tareas, escribir ensayos o responder preguntas sin comprender el contenido puede limitar su aprendizaje y generar dependencia. No se trata de prohibir su uso, sino de delimitarlo con claridad.
En resumen, la propuesta concreta es que los estudiantes no usen IA dentro del salón de clase para resolver actividades evaluables o tareas centrales del proceso de formación. Lo que debe mantenerse en el aula son aquellas actividades que requieren reflexión, discusión, resolución de problemas y expresión personal, ya que son fundamentales para desarrollar pensamiento crítico, habilidades comunicativas y autonomía intelectual.
Sin embargo, pueden y deben conocerla y aprovecharla en casa con fines exploratorios, creativos o como apoyo supervisado. El rol de la institución debe ser enseñarles a usar estas herramientas con criterio, responsabilidad y consciencia de sus límites, sin que se conviertan en una muleta que debilite su desarrollo.
La IA no es enemiga del proceso educativo, pero sí debe entenderse como una herramienta que potencia, no sustituye. Usarla bien depende de quién, cómo y para qué se utiliza. El foco debe estar en fortalecer el rol del docente y proteger el desarrollo formativo del estudiante. Adoptar esta tecnología con cabeza fría y objetivos claros puede generar transformaciones reales, sostenibles y útiles.
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